¿Sientes que en tu vida están equilibradas las energías del dar y recibir?; ¿sientes que te das a ti tanto como entregas a tu alrededor?
La abundancia nace del equilibrio entre el dar y el recibir.
Quienes compartimos yoga emprendemos un viaje de servicio y de mucho sacrificio, pocas veces se encuentra el tiempo para ajustar la balanza y recibir.
Nuestra vocación o profesión se basa en ofrecer, facilitar y estar allí sosteniendo espacios y brindando prácticas variadas, con múltiples personas.
Por ésto, es doblemente necesario prestar atención al tiempo que nos dedicamos a cuidarnos, a descansar, y a disfrutar de la vida.
El punto a favor que significa trabajar de algo que amamos también puede ser algo difícil: nos hace aprovechar el tiempo libre, vacaciones e ingresos extra para seguir formándonos como profesionales del yoga.
Esto es algo muy positivo y divertido, pero ¿qué pasa con la retribución, con la recompensa, con «atender tus propias necesidades»?
Para que, además de pensar en seguir aprendiendo y compartiendo con personas afines recibas realmente un regalo para ti y tu cuerpo, hemos creado este retiro.
El camino de la reciprocidad – edición solsticio de verano – es un retiro de yoga y autocuidado pensado para que profes de yoga puedan brindarse 3 días de práctica, relajación y crecimiento personal.
Esas son las 3 patas del retiro: cuidado personal, yoga y autoconocimiento.
Está pensado para que les profes puedan encontrar en una misma experiencia una dosis equilibrada de teoría de yoga, prácticas para el cuerpo físico, cuerpo mental y cuerpo espiritual, ejercicios para la confianza, resiliencia, identidad como profes…. y regalos como una comida riquísima vegetariana, yoga nidra y ¡un masaje ayurvédico incluido!
Sé que las obligaciones, el profesionalismo y la responsabilidad son importantes, pero también es muy importante saber brindarse espacios de crecimiento, de nutrición y de naturaleza.
Te dejo aquí la experiencia de Jesica (@yoganeerustudio) que ha venido en la última edición:
«El camino de la reciprocidad me ha servido para proyectar y materializar las ideas que no encontraban sitio para las clases y talleres.
Lo que más me gustó fue la energía que se creó en los días compartidos, era como si nos conociéramos de toda la vida. De hecho, esa energía perduró en los días siguientes de finalizar el retiro.
Aprendí a verme desde otro punto de vista y a confiar en el conocimiento, a reconocer la energía que se fue despertando y a cuidarla.
Me han gustado mucho las diferentes sesiones que se fueron enlazando, me llevo la experiencia al completo y las ganas de volver a compartir la vivencia.
Fue un placer compartir con otras profesoras, indagar en las diferentes dudas que fueron surgiendo, tanto materiales como las más sutiles, escuchar la variedad de respuestas… ayuda a crecer y confiar en el camino en el que estamos».




